El Blog del Retail

Fernando Ortega Mediero

Consejero de la industria alimentaria

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El sector agroalimentario, en la diana
En el actual contexto económico y geopolítico, muchos son quienes sitúan -injusta e interesadamente- al sector agroalimentario en el blanco de las críticas, pretendiendo que sea el chivo expiatorio de todos los males. Ante ello, el autor reclama que no se demonice a la mano que nos da de comer y recuerda y pide a los empresarios del sector que se adopten las estrategias necesarias pensando que la población crece y los recursos son limitados. 
27/07/2022
El sector agroalimentario, en la diana

Desde niño me han gustado las películas del Oeste, disfrutaba los sábados por la tarde viendo los continuos dimes y diretes entre indios y vaqueros donde, de forma habitual y ya sobreentendida, triunfaban estos últimos a pesar del empeño y número de los primeros.

Había una escena que me causaba especial inquietud y tensión: la generada la noche antes del ataque de los indios. Un grupo de aguerridos vaqueros se aproximaba sigilosamente en la parte alta de un valle donde se asentaba la tribu enemiga; la escena nocturna era acompañada en todo momento por un rítmico tam-tam denominado tambores de guerra por el guión. Escucharlo estremecía. No obstante, el problema venía cuando se silenciaba dado que ello significaba que el ataque era inminente.

La situación económica actual se me asemeja a esa escena grabada de forma indeleble en mi infancia. La calma es tensa, los augurios pesimistas y nuestro sector agroalimentario se está convirtiendo de forma demasiado sencilla y reiterada en el blanco de muchas críticas que desde diferentes vertientes tratan de posicionarlo como uno de los culpables de la situación tras haber agotado el discurso de que el culpable era la guerra de Ucrania.

Tratan de posicionar al sector agroalimentario como uno de los culpables de la situación tras haber agotado el discurso de que el culpable era la guerra de Ucrania

Llegado este momento es bueno destacar el papel relevante y de servicio que toda la cadena agroalimentaria cumplió de forma estricta durante la pandemia y la pospandemia. El funcionamiento, a pesar de las tensiones de aprovisionamiento o de las dificultades logísticas en el reparto, fue ejemplar, con niveles altísimos de cumplimiento. En este sentido, destaca que España fue el país con el suministro más eficaz, ya que un 82% de los consumidores afirmó no tener problemas en la compra contra un 77% en la media europea. 

La flexibilidad y resiliencia quedaron fuera de toda duda en la etapa pandémica; y se continuaron manteniendo durante el post. Con la aceleración propia de la reactivación social prosiguió la estabilidad del sistema y su capacidad de respuesta.

Junto a ello, es preciso indicar la contención generalizada y limitación en el traspaso o incremento de costes al consumidor. Los insumos básicos de todo proceso de transformación o comercialización dentro de la agroalimentación se han disparado de forma alarmante (energía, fertilizantes, envases, materias primas, transporte, …) sin parecer tener límite. 

Medidas superficiales
Las medidas generales aplicadas no tienen el efecto deseado pues las razones ni son las históricas ni tampoco se concentran solo en unos hechos determinados. Han confluido toda una serie de circunstancias que no sólo son imputables al sector y a su cadena de valor, sino a factores exógenos, siendo contrarrestados con soluciones de impacto y superficiales, que no han atacado la raíz de los problemas. 

Las medidas generales aplicadas no tienen el efecto deseado; se intentan solucionar los problemas con soluciones superficiales que no atacan la raíz

Estas acciones generan una clara pérdida de competitividad de nuestro tejido productivo, en particular el agroalimentario e industrial, con muy escasos efectos sobre el global de la economía o el bolsillo del consumidor.

Recientemente, un emprendedor, concretamente un empresario agroalimentario, comentaba la comparación entre la aportación a la sociedad en forma de impuestos cuando empezó siendo asalariado o autónomo respecto a la posición actual como empresa. La diferencia es abismal. De forma directa, aporta muchos más recursos al Estado o Autonomía (vía impuestos) juntamente con la importante generación de puestos de trabajo, inversión y compra que genera actividad económica en proveedores...

¿Por qué entonces penalizar y denostar al sector empresarial agroalimentario? Somos un país que tenemos más tendencia a buscar chivos expiatorios que soluciones a los problemas, y ante los tambores de guerra todavía esta insana actitud se radicaliza más. El empresario/a lo primero que hace, siempre, es asumir riesgos y de hecho es necesario un carácter especial para ser emprendedor/a y no morir en el intento. Es el perfil que más abunda y caracteriza al ecosistema agroalimentario. Más del 95% tiene su origen en empresas familiares y pymes.

Fomento de la innovación
Está claro que es necesario fomentar el ecosistema generado alrededor de las startup en el ámbito agrotech y foodtech porque son una fuente inacabable de propuestas y realidades con aplicación práctica de innovación y desarrollo de productos, procesos y sistemas que, con recursos limitados, sirven como palanca de aportación de savia nueva al ecosistema agroalimentario tras su escalabilidad.

Larry Fink: “Deberíamos preocuparnos más por el precio de nuestros alimentos que por el de la gasolina”

Nuestro sector agroalimentario tiene retos muy importantes a afrontar. Entre ellos destaco la sostenibilidad con proyectos muy atractivos e interesantes donde se conjuga innovación, tecnología, talento y transformación digital. Implementar estos proyectos generará un retorno social muy importante que se traducirá en toda una mejora de la cadena de valor, competitividad, valor añadido y adecuación a las necesidades del consumidor.

Aprovechemos el PERTE Agroalimentario, en la cuantía asignada comparativamente escasa, para ser una palanca de cambio y de adaptación al nuevo entorno.

Como epílogo un claro aviso a navegantes expresado de forma abierta y global por el CEO y fundador de BlackRock, Larry Fink: “Deberíamos preocuparnos más por el precio de nuestros alimentos que por el de la gasolina”. Nuestro sector se ha visto afectado y se verá afectado por la geopolítica, no es algo nuevo, pero sí que hoy en día con una población creciente que alimentar con recursos limitados este riesgo debería estar en la mesa de los consejos de administración y empresarios de nuestro sector agroalimentario e implementar las estrategias acordes a tal escenario.